arcjove

Quieto

arcjove | 20 Agost, 2008 22:18

... y no sé cómo hemos llegado aquí pero paseamos juntos cogidos de la mano por la playa. Un viento helado hace que el silencio sea menos frío y miramos hacia el final donde las imágenes son borrosas y las olas estallan como cristales contra la roca. Me miras y sin sonreír te metes en mis costillas y tiemblo un poco sin que lo notes. Me das un beso en la frente y dices: "vamos a casa".

Ahora subo como un caracol al poste de la luz y me quedo muy quieto viendo como te alejas por la carretera, supongo que hacia casa. Entonces lloro discretamente mirando cada paso que das y dibujo una película de babas o mocos que marcan la madera señalándome directamente a mí o aún peor, señalando el sitio del que vine.

Muy quieto, callado. No te vas a girar, pero si lo hicieras tampoco podrías verme.

Al norte del norte 

Esto es para decirte 
Que aquí esta empezando a nevar 
La playa parece un oso 
Que duerme junto al mar 
 
Es una extraña mañana 
De febrero en Gijón 
Hoy siento mucho más lejos 
Aquellas noches de calor 
  
Y esto es para decirte 
Lo mucho que pienso en ti 
Hay hielo sobre los coches 
¿Alguna vez viviste aquí? 
Perdona, no logro recordar 
 
Miré por mi ventana 
Conozco estas calles tan bien 
Te buscaré con la mente 
Aunque no te alcance a ver 
 
Y recordé viendo el Muro 
Algo que un buen día te oí 
"Vivo al norte del norte 
Hace frío en mi país 
Lejos de todo, lejos de ti" 
 
Y si alguna vez te hice daño 
En este u otro rincón 
Quiero que sepas con esto 
Que no era mi intención 
Que si lo era, no eras tú la razón 
 
Y un día tuve noticias 
De un extranjero sin voz 
Decía ser tu amante 
Y si lo era, ¿quién era yo? 
 
Creo que hablé demasiado 
Ahora tengo que salir 
Sigue nevando ahí fuera 
Cuídate mucho y sé feliz 
Te quiere, 

N. 

Comentaris

Re: Quieto

senilDion | 21/08/2008, 23:04

T'ha ixit un text de novembre. Amb la calor que deu d'estar fent per ahí. ¡Qué melancolía ma entrao!

Letanía por el Doctor Zhivago

Ángel Cuadra | 22/08/2008, 09:47

En el dorso de la mano no está escrito el destino.

Entonces, mientras mirabas el rastro que en la nieve iba el coche dejando y la nieve al caer borrando el rastro en nieve,
qué abulia, que PARÁLISIS vital te poseía o qué signos especiales descubrían tus OJOS en el lejano fondo del paisaje de invierno.
¿No mirabas, Zhivago, hacia afuera?
Tú INMÓVIL, tú quedándote:
eras tú, sin moverte, alejándote:
la plenitud, el tuno del amor, Larissa de certidumbre y magia,
para siempre borrados en el camino por las nieves definitivas de la distancia

Tú solo en Varquino;
asumiendo lo gris tú solo,
resignado en presagio tú solo,
siervo del tiempo y el destino, solo.
Tú anónimo, tú apagado silencio, tú de perfil borrable, drama de BARRO, DE MUERTE y soledad: tú solo en la tremenda soledad de la Historia.

Ahora escribes sobre un papel de opio.
Es hacia dentro todo el UNIVERSO.
El tiempo tiene una dimensión interior en la gran aventura del ser que es el poema.
Y entiendes todo en un vórtice de florecientes humos, donde desciende a ti la eternidad como de carne nupcial y trascendida
en los límites últimos del misterio y del hombre.
Es necesario, a veces, asumir el dolor
porque "vivir no es atravesar un campo".
¡Oh Hamlet, tú tenías la DAGA y la pregunta:
todo fuera tan fácil como cerrar los OJOS y acabar el paréntesis que empieza en el antílope.
Pero no...que detrás de todas las preguntas están "las manos femeninas",
los hombros y la espalda...el prodigio delante de los cuales yo bendigo la vida".

Luego, la pausas del recuerdo, los pasos de Larissa en torno, como fantasmas sin milagro.

Re: Quieto

... | 22/08/2008, 10:47

Solo, por fin, definitivo.
Solo frente a ti, frente a tu sola sombra.
Esa misión oscura,
esas vertiginosas ARAÑAS que tal vez nunca desentrañen su trampa.
(En la mansión oscura de Variquino un hombre se miraba las manos, ya de frente al destino)

La marcha hacia la vieja ciudad.
Los trenes con horror, INMÓVILES.
El HAMBRE toda del mundo,
toda la nieve del mundo,
toda la trepidante desolación del mundo,
toda la estepa HELADA que eras tú caminante.
Rostro inmutable detenido en un punto
en donde ya no se pregunta,
como con todas las ventanas del mundo
entornadas hacia la nada,
eras tú caminante.

Y eras tú el extranjero
el que nadie esperaba en la ciudad antigua.
Nada ya se dijeron la ciudad y tu rostro:
estaban tan cambiados que eran dos extranjeros con su idioma.

Cuando llegaste,
por las calles todas, por los rincones,
por los parques, por las casas sabidas
donde tu juventud era un árbol fragante
con libros y con SUEÑOS y con amor...
eras el extranjero, cuando llegaste.

¿Qué sitio dibujar para tus huesos?
¿Qué inventado alimento para las resignadas sístoles de tu pecho?
¿Qué PIEDRA levantar para encontrar el rastro de un recuerdo?
¿Ni qué PÁJARO de antes conservaba su flauta?

Con tus harapos del regreso
entraba tu miseria, caminante.
Aún tenías tus órbitas, MIRABAS:
pero sólo quedaba el camino hacia adentro.
Qué tremendo asumir el desarraigo,
hacerse el nuevo sitio
a desafecto, a estorbo
y a no SANGRAR DE HERIDAS
porque eras toda una HERIDA total abierta y seca.
Empezabas tu MUERTE, y lo sabías.
Y MORIR ¿no es acaso desandar un campo?

Re: Quieto

... | 22/08/2008, 11:47

Qué rara forma tuya de elegir, Zhivago,
Qué opción vital DESGARRADORA,
qué disyuntiva estrecha para los hombres
que les tocó llevar tu piel, tu sonrisa,
tu nombre, tu hora,
tu mano con sus signos
en la anchura intemporal del cosmos,
donde sobra una ESTRELLA lúgubre,
como el suicidio lento y mando que tú asumiste.
Tú elegiste asistir a tu MUERTE,
vivo.

Tus amigos aún.
-Llegó Zhivago- con voces de arena.
-¿Volvió desde qué MUERTE tu sombra?-
Y eran como sonámbulos pronombres
tú, él, yo, aquella,
en esas voces que ya no eran
sino extrañas músicas MUERTAS,
desarraigo del tiempo, de la Historia,
del paso cotidiano;
ingrávidas como una vibración de la ausencia.
Tus amigos aún,
tan pocos,
también tan extranjeros
que casi no eran.

Tu TUMBA fue aquel cuarto, antes tan tuyo,
ahora entregado de limosna,
a consumir en demorado incienso
la delgada cera de tu vida,
en la LLAMA cardíaca en donde aguada
un límite de ASFIXIA.
Es mejor encerrarse para procrear como fiera apestada, en su caverna.

Ahora comprendes lo que cuesta ser "verde"
-más claramente, lo que es no ser-
en el mundo feroz que se estrena,
que se construye con un compás,
una tabla matemática, un algebra de odio,
y se sueña con unos OJOS de metal abiertos en la ecuación perfecta.
-Conque eres verde ¿no?: ni blanco ni rojo.
¿Sabes que no se puede, que es un crimen?-
Y tú frente a la MUERTE,
oscilado y seguro entre las dos orillas, prisionero en el bosque.
Carne de horror, ahora recuerdas
un estupor de columnas cayendo
y todos los siglos arrojando sus PIEDRAS
en tus hombros.
Ahora recuerdas...y comprendes

Re: Quieto

... | 22/08/2008, 12:02

Al volver a la antigua ciudad,
Tú elegiste, Zhivago, asistir a tu muerte.
Casi no tú,
Un poco innominado,
Un poco todos los como tú,
En esa cruz sin CLAVOS,
Sin SANGRE en tu total HERIDA seca,
Regresando hacia adentro la vida;
Tu carne entrando en el silencio
(Goce de CUERVOS sórdidos deshilachándote),
Símbolo tú de todos,
Perdiendo lentamente tu nombre, apellido del tiempo.

Y fue aún el poema.
Entre tu mano, ya toda signo, tomar la vida
Y gastarla en los trazos finales,
Como un lápiz de SANGRE y alma
Que traduce la música imposible…
Para nadie
Belleza de misterio que se engendra
Para alimento inútil de unos LOBOS de sombra
Y de silencio
Porque no le darán un espacio en el mundo.
ASTRO sin órbita,
Cadáver con sordina, el poema.

Era así la segunda dimensión de tu MUERTE,
Vivo.

Eso era todo ya.
Sólo faltaba un soplo leve del VIENTO.
Hasta tu soledad era desconocida.
Ya no tenías nombre y eras ajeno a tu índole.
Semejante a las cosas más que a ti mismo,
Alguna vez andabas entre papeles sucios,
Hojas secas, esputos en la nieve, golpes de hastío,
Preguntando a las calles por tu sombra,
Con unos OJOS de ceniza que aún se cruzaban
Los charcos y las gentes como si fueses
Las mismas cosas sobre el pavimento.

Qué rara forma de elegir la tuya,
Zhivago, verde, entre orillas, herético,
Pseudónimo de un destino de ASFIXIA
Consumado.

Sólo faltaba un soplo, nada más
De modo que fue apenas
Un pretexto oportuno del miocardio
El que dejó tu cuerpo cobre las viejas PIEDRAS
De una calle cualquiera de tu ciudad,
Entre los charcos
Y las gentes que allí sólo miraban
Un hombre sobre el pavimento
Con una mano abierta.

Afegeix un comentari
ATENCIÓ: no es permet escriure http als comentaris.
 
Accessible and Valid XHTML 1.0 Strict and CSS
Powered by LifeType - Design by BalearWeb